La constructora PVE realiza la construcción de La Casa Poli en el año 2005, tres años después de la publicación del proyecto en 2002.
Desde el principio se resolvieron los primeros problemas que suponía la situación y condiciones del terreno. Se elevo este hasta una altura tal que obtuviese esa sensación de podio natural que se buscaba a la vez que se permitía un primer plano perfecto del acantilado y la rotura del mar contra sus rocas. A su vez se dividió el suelo interior en tres plataformas adaptándose de este modo a la topografía natural del terreno.
El siguiente problema que se presentaba era la necesidad de alternar una casa de vacaciones con un centro cultural; con elementos de reunión, trabajo y galería de arte. Dicho más claro, el interior debía mediar entre una dimensión muy pública y otra más intima e informal. Es decir, debía ser medio monumental y medio doméstico, sin que una calidad le pesara a la otra. Por lo tanto, se decide no nombrar los recintos por sus funciones y más bien dejarlos sin nombre y sin función, como meras salas más o menos interconectadas, para luego llevar todo el programa de servicio hacia el perímetro, hacia un muro exageradamente grueso (un espesor habitable) que actuaría como fuelle. Dentro de esta masa vaciada quedan la cocina, las circulaciones verticales, los baños, armarios y una serie de balcones interiores (que protegen las ventanas del sol y de la lluvia, hacia el norte y el oeste). Eventualmente, todos los muebles y objetos domésticos podrían guardarse dentro de este perímetro, liberando el espacio para múltiples actividades.
Además, los arquitectos tuvieron que considerar la necesidad de muros de soporte para montar exposiciones. Esto evitó la obviedad de hacer una gran vista al mar y, en cambio, les dio la medida para conciliar una serie de diferentes cuadros de paisaje con una cantidad variable de situaciones interiores. El interior de la casa se realizo con concreto artesanal junto con moldages de madera sin tratar. Su construcción se realizó en estratos horizontales que hacían coincidir los niveles de vaciado de la mezcla con la medida de un panel de media tabla. Una vez terminada la obra gruesa, reutilizamos toda la madera maltratada de los moldajes para revestir los muros interiores y para hacer unos paneles correderos que, alternativamente, servirían tanto para cubrir el programa perimetral de servicio como para proteger las ventanas cada vez que la casa se abandone.


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